No quería perder la oportunidad y contaros así con todo lujo de detalle la noche en la que tres negros enormes me follaron con todas sus fuerzas hasta que ya no pude más. Nunca antes había formado ni siquiera un trío, así que imaginaros la novedad que supuso para mí de repente verme rodeada por tanto hombre dispuesto a comerme enterita. Si ya es divertido el sexo de dos en dos, os puedo asegurar que al ser cuatro en una misma cama la situación se convierte en un juego excitante y el placer se multiplica sin parar. De un momento a otro, pasé de ser una auténtica mojigata en temas sexuales a convertirme en toda una diosa sexual dispuesta a proporcionar placer a todos los hombres que hicieran falta.

La cosa empezó de la manera más tonta, y es que un follamigo habitual me dijo que tenía un par de compañeros de piso que hacía mucho tiempo que no mojaban. Yo no veía la doble intención de él,  en un principio entendí que quería que les presentara a alguna de mis amigas. Pero él rápidamente me propuso que quedáramos los cuatro en mi propia casa. Ya entonces entendí el punto al que quería llegar, y la verdad es que en lugar de escandalizarme y montar en cólera, me lo pensé durante una fracción de segundo y acepté de buen grado. Siempre me habían gustado los retos, y la verdad es que sentía una enorme curiosidad por sus amigos y lo bien que lo podríamos llegar a pasar todos juntos. En cuanto me enseñó un par de fotos de ellos, le dije que ya tardaba en avisarles para que vinieran.

Así, en menos de una hora ya estábamos todos listos para follar en grupo. No quería ser tan superficial como para empezar con el tema desde el principio, así que les dije que se pusiesen cómodos y les ofrecí algo de beber. Era mejor que el ambiente se relajara un poco antes de ponernos a follar como locos. Así, entre risas y miradas clandestinas, fuimos conociéndonos un poco mejor y noté como el fuego interno de mi cuerpo empezaba a abrasarme. Ya estaba bastante cachonda como para empezar la orgía sexual, así que me insinué un poco delante de ellos desabrochándome la blusa y dejando a la vista mis tetas. No llevaba sujetador en ese momento, así que irremediablemente, todos me miraron a las tetas y los ojos se les pusieron como platos.

Sin más dilación, les animé a que fuésemos todos hasta mi cuarto. Ellos sonrieron y me obedecieron sin rechistar. Sabían a lo que venían, no cabía duda. Por eso, Al cruzar el pasillo uno de ellos empezó a sobarme el culo a saco. Yo le lancé una mirada pícara y les animé a que me siguieran hasta que ya estábamos todos en mi dormitorio. Una vez ahí, les ordené que se desnudaran para poder ver el material antes de catarlo. Como ya me imaginaba, sus cuerpos desnudos me dejaron con muy buen sabor de boca, así que yo también me desnudé mientras ellos se empalmaban por momentos.

Continuará…

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