Ahora que estábamos todos en la misma habitación, la temperatura de la estancia fue subiendo por momentos, y no era para menos. El espectáculo que se mostraba delante de mí era la mar de excitante: cuatro negros desnudos y con la polla dura dispuestos a follarme por todos los agujeros de mi cuerpo. El sueño de cualquier ninfómana lo estaba viviendo en aquel preciso momento, pero lejos de asustarme me vine arriba acercándome hasta ellos y diciéndoles con voz seductora: “Podéis hacer conmigo lo que queráis”.

Todos ellos sonrieron al oír mis picantes palabras. No sabía si a ellos les iba más el rollo activo o pasivo en la cama, pero lo que yo necesitaba en aquel momento es que ellos decidieran por mí y me azotaran con sus pollas sobre mi cara, culo y tetas sin parar. En otras ocasiones me gustaba tomar las riendas de la relación sexual, pero ante tanto hombre lo único que quería era dejarme llevar y que me sorprendieran gratamente. A los pocos segundos, ya estábamos todos muy bien organizados. Mientras uno me follaba la boca y otro el culo, los otros dos estaban a los lados dejándose pajear por mí. Les demostré que era capaz de provocar placer a cuatro hombres al mismo tiempo, todo un reto del que me sentía tremendamente orgullosa en aquel momento. El vicio y la pasión del momento me sumieron en un estado de placer máximo, haciéndome sentir como una verdadera diosa del sexo.

Para darle un toque extra de morbo a la situación, decidimos que ellos fueran turnándose y girando en el sentido contrario a las agujas del reloj. Esto es, que siempre era un negro distinto el que me follaba por detrás. Sentir sus pollas por todo mi cuerpo hacía que me sintiera sucia pero excitada. Tenía tanto trabajo que no paraba de moverme para estimularles a todos por igual, por lo que mi cuerpo vibraba y mis tetas se tambaleaban en un movimiento que los dejaba hipnotizados. Por no hablar de mi culito respingón que parecía gelatina de tantos azotes que se estaba llevando. En ocasiones sentía que no era capaz de prestar toda la atención necesaria a lo que ocurría a mi alrededor, pero era esta misma sensación que me sobrepasaba lo que me daba aún más ganas de folleteo puro y duro. Cualquiera que nos viera pensaría que éramos todos unos profesionales del porno amateur, ya que nos desenvolvíamos en aquel contexto como pez en el agua.

Como estaba siendo empalada por tantos orificios a la vez, era lógico que experimentara un orgasmo detrás de otro. Nunca le había hecho mucho caso a las diferencias entre los orgasmos anales o vaginales, pero en aquella ocasión yo me sentía como flotando en una nube de sexo y lujuria sin límites. Aunque gritara clemencia, sabía que ellos no pararían hasta preñarme con su leche caliente hasta el centro de mi sensual cuerpo. Ansiaba sentirme llena de toda su lefa, y con semejante frenesí que estábamos viviendo, no quedaba mucho para que explotáramos al unísono de placer.

Continuará…

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