Cuando puse aquel anuncio, pese a adornarlo con palabrería técnica propia del gremio de masajistas, lo que realmente quería era quedar con una chica, empezar masajeando todo su cuerpo desnudo para terminar follando como verdaderos posesos. Creo que ya iba implícito en el concepto de “masaje gratis” que mi verdadera intención era la del sexo puro y duro. Siempre me habían parecido algo confusos este tipo de anuncios, pero era un modo mucho más elegante que decir directamente lo que buscas. Además, con esta sutileza no tardé nada en encontrar a una chica dispuesta a que mis manos recorrieran su cuerpo de la cabeza a los pies.

Ella llegó puntual, mostrando una actitud algo tímida y reservada en cuanto cruzó la puerta. Por su actitud, deduje que también ella sabía a lo que venía. Sin duda, la situación le sobrepasaba y la vergüenza de romper el hielo ante esta situación era complicada para ambos. No obstante, pese a mi inexperiencia, me mostré con una actitud relajada y amable. Quería que se sintiera completamente cómoda para que se desnudara cuanto antes y empezar con la sesión de masaje erótico que tenía planeada para ella. Con un gesto firme pero cordial, le invité a que se tumbara sobre la camilla. Tenía una habitación preparada para ello, con la camilla y un sofá en un lateral para que la estancia no quedara muy fría.

La chica se giró hasta darme la espalda y empezó a desnudarse. Me pareció que se estaba pasando de prudente, porque tarde o temprano acabaría viéndola desnuda y tampoco hacía falta mostrarse tan pudorosa. No obstante, una vez se tumbó boca abajo me dijo que quería dejarse llevar y que le hiciera lo que me diera la gana. Aquello me puso cachondísimo, para qué nos vamos a engañar. De todos modos, no quería clavársela a la primera de cambio, así que me unté las manos en aceite y empecé a frotar su espalda de arriba abajo proporcionándole un masaje profesional y relajante a más no poder.  Incluso le sorprendí en más de una vez escapándosele un gemido de su dulce boca. Aquella era la gota que colmaba el vaso. Yo iba a explotar de placer de un momento a otro. Afortunadamente, ella giró levemente su cabeza y me dijo que le metiera mano de una vez por todas. Ahí sí que ya no cabía ninguna duda de que ella buscaba lo mismo que yo: sexo express aquí y ahora.

Su sonrisa le delataba en todo momento. Yo empecé a desplazar mis manos hacia abajo, abriéndome paso entre sus piernas hasta acariciar su coñito desde la parte de atrás. Era como un juguete sexual para mí, ya que podía tocarlo y frotarlo entre mis dedos para proporcionarle placer a raudales. Acariciaba sus labios y los frotaba entre sí logrando que aquel coñito sediento de placer empezara a lubricarse como por arte de magia. Aquello era un síntoma inequívoco de que ella estaba lista para la penetración.

Continuará…

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