No os podéis ni imaginar el placer que supuso para mí el hecho de desvirgar a Stacy por el culo. Saber que ningún otro hombre había estado ahí dentro, en la puerta de atrás, follándosela sin parar y provocándole placer sin fin. Me ponía cachondo la simple idea de saber que yo había sido el primero y nadie más podría arrebatarme ese puesto de honor. Quizá podrían llegar otros mejores que yo, pero el placer anal que le provoqué aquella noche a Stacy lo recordaría toda la vida, al igual que yo. De hecho, todos recordamos nuestra primera vez, así que estaba convencido que yo había dejado huella en aquella chica para el resto  de su vida.

Empezaré la historia desde el principio, cuando ella y yo cruzamos miradas de deseo en una fiesta privada. Se notaba mucho que la gente ahí iba a lo que iba: estaban deseando ligar con alguien y follar a saco durante toda la noche. Yo la verdad es que no había salido con aquella intención de mi casa, pero ahora que me lo estaban poniendo en bandeja no iba a decir que no. De repente vi los ojos verdes de Stacy fijarse en los míos y no apartar la mirada en ningún momento. La mayoría de chicas bajan la mirada avergonzadas al cruzarse conmigo, pero ella en cambio mantuvo la posición y me dijo sin necesidad de palabras que estaba dispuesta a todo y que no era de las que se asustaban fácilmente. Mejor para mí, pensé.

El caso es que enseguida empezamos a entablar conversación, y a los pocos minutos ya estábamos liándonos en el sofá de aquel local. Yo estaba bastante alegre, así que me liberé por completo y empecé a meterle mano a saco por debajo de la ropa. Disfruté como nunca del simple hecho de frotar mis dedos sobre sus pezones. Abriéndome paso a través del sujetador, pude palpar su suave piel y excitarme a tope con aquel simple gesto. Si ya estaba como una moto sólo por tocarle una teta, no me quería ni imaginar lo que supondría follar con ella, pensé. Entonces me asaltó la idea de que quizá acabaría corriéndome demasiado pronto y echaría a perder aquel encuentro erótico. Aparté aquella idea de mi cabeza convencido de que esta vez me sabría controlar y conseguiría alargar aquel polvo lo máximo posible.

Estaba claro que no nos íbamos a poner a follar en medio de todos aquellos desconocidos, por lo que acordamos marcharnos disimuladamente hasta mi casa para tener así libertad total de movimiento. Si ya en el ascensor nos sobamos a saco hasta fundirnos por completo y pulsar el botón de alarma sin querer, cosa que provocó una risa maravillosa en Stacy, en cuanto cruzamos la puerta nos arrancamos la ropa y nos preparamos para el sexo más salvaje y apasionado que os podáis imaginar. Ella no tuvo ningún pudor a la hora de mostrarme todo su cuerpo al natural, y yo estaba empalmado a más no poder y deseoso de empezar lo que habíamos empezado.

Continuará…

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